Jan 21, 2019 Last Updated 5:38 PM, May 25, 2018

Revista de Divulgación en Neurociencias y RehabilitaciónISSN 2530-6006

Editorial

Rehabilitación de Tercera Generación

Rehabilitación de Tercera Gen…

Las profesiones que se integran dentro de las ciencias de rehabilitación han at...

La Educación Terapéutica en el dolor es una modalidad de intervención sanitaria que tiene como objetivo cambiar las concepciones y creencias, y en consecuencia las conductas poco beneficiosas, que presentan en muchas ocasiones las personas con dolor persistente.

Con ello buscamos, tanto mejorar la comprensión de aspectos relacionados con la  experiencia dolorosa, como reducir los factores que influyen directamente en el mantenimiento del dolor. Dichos factores son los llamados factores psicosociales.

¿Entonces, A QUÉ NOS REFERIMOS CON FACTORES PSICOSOCIALES?

Cuando hablamos de factores psicosociales nos referimos a aquellas variables externas o internas que son capaces de modificar nuestra conducta y cambiar  nuestra respuesta ante la presencia de dolor mantenido. Estamos por tanto ante un proceso de aprendizaje.

Podemos agrupar los factores psicosociales que acabamos de nombrar en dos grupos, el primero engloba los aspectos cognitivos y el segundo los aspectos emocionales.

Existen múltiples aspectos cognitivos, entre los principales se incluyen las creencias erróneas, las cuáles tomamos por ciertas pero realmente no lo son, como por ejemplo cuando pensamos que nos va a doler la cabeza porque ha cambiado el tiempo.

También formado parte de los aspectos cognitivos encontramos las expectativas, que tenemos tanto de un tratamiento que vamos a recibir como del proceso de recuperación y cosas que van a influir en el efecto terapéutico.

Finalmente encontramos los pensamientos negativos, en concreto, el pensamiento catastrófico, el cual se define como la tendencia a magnificar el dolor que sentimos, de manera que cuando tenemos dolor pensamos que:

  • “Nunca se me va a pasar este dolor”
  • “me pregunto si podría haber algo más grave”
  • “siento que no aguanto más con este dolor”

Y este tipo de pensamientos van a influir sobre nuestra percepción dolorosa.

Por otro lado, dentro de los aspectos emocionales, los principales factores psicosociales en las personas con dolor mantenido son:

El ESTRÉS, el cual es un estado de tensión física o emocional debido a una situación de elevada exigencia. Cuando la reacción de ESTRÉS es continua influye sobre la Intensidad de dolor.

Otro factor muy importante es el miedo a movernos o a realizar determinados gestos que creemos que nos provocarán dolor o que nos pueden provocar una lesión; esto se denomina KINESIOFOBIA.

También encontramos la ANSIEDAD, que es la anticipación aprensiva de un futuro peligro, por ejemplo “si pensamos que algo va a salir mal, saldrá mal”…

Finalmente, de la mano de la ansiedad va otro factor emocional denominado DEPRESIÓN.

La DEPRESIÓN se define como una enfermedad, caracterizada por una baja autoestima, una pérdida de interés y un bajo estado anímico, que puede provocar cambios en nuestra conducta y en nuestro afrontamiento del dolor.

Ante la presencia de estos factores psicosociales, nuestra conducta ante el dolor persistente puede cambiar de forma negativa aprendiendo concepciones erróneas, asumiendo falsas creencias, aumentando nuestro nivel de estrés u optando por un afrontamiento del dolor mediante estrategias pasivas como el reposo absoluto o la hiper-medicación.

Como conclusión, la Educación Terapéutica es una magnífica herramienta de tratamiento, eficaz y necesaria para disminuir la influencia de los factores psicosociales, mejorando de esta forma  tanto los aspectos cognitivos como los emocionales, permitiendo al paciente con dolor mantenido apostar por conductas funcionales que mejoren su afrontamiento del dolor persistente.

 

 

 

Fuentes:

Turk DC, Okifuji A. Psychological factors in chronic pain: evolution and revolution. J Consult Clin Psychol. 2002;70(3):678–90.

Peres MFP, Lucchetti G. Coping strategies in chronic pain. Curr Pain Headache Rep. 2010;14:331–8.

Linton SJ, Shaw WS. Impact of Psychological Factors in the Experience of Pain. Phys Ther. 2011;91(5):700–11.

McGrath PA. Psychological aspects of pain perception. Arch Oral Biol. 1994;39 Suppl:55S – 62S.

Fuente de la imagen: imagen y video creada por Neurorehabsnews.com con fines únicamente ilustrativos

Autores: Luis Suso Martí, Ferrán Cuenca Martínez       Editores: Alba París Alemany, Juan Manuel García Bechler

Para citar este artículo: Suso L, Cuenca-Martínez F. Educación Terapéutica y Factores Psicosociales. NeuroRehab News 2017 nov; 2 (1): e0023

El dolor crónico se define como una sensación dolorosa que persiste más de tres meses y que puede o no estar asociado con algún traumatismo o enfermedad. En los casos en los que ha habido una lesión inicial, aunque esta haya cicatrizado puede permanecer el dolor generado por esa lesión. Las condiciones de dolor crónico se caracterizan por tener un gran impacto negativo en la calidad de vida de los pacientes produciendo discapacidad, depresión y ansiedad, disminución de la concentración etc…, que puede, en muchos casos, conducir a bajas laborales por enfermedad.

Ejemplo: me pincho en la planta del pie con un clavo y el estímulo dañino es la herida que produce el clavo y me genera un dolor. Cuando se produce un dolor crónico, es porque después de mucho tiempo (más de tres meses) cuando ya no tengo herida ni hay clavo que esté generando esa herida sigo notando dolor en la zona.

“Muchas regiones y conexiones del cerebro encargadas de procesar la información de dolor participan también en tareas cognitivas y sensoriales”

El psicólogo David Gillanders, encargado del servicio de dolor crónico de la Universidad de Edimburgo en el Reino Unido, es uno de los profesionales dedicados a trabajar e investigar sobre los procesos de dolor crónico, cuyas investigaciones han obtenido datos relevantes para el tratamiento de estos pacientes. Se ha visto que muchas regiones y conexiones del cerebro encargadas de procesar la información de dolor participan también en tareas cognitivas y sensoriales. Por tanto, parece que pueda existir una relación entre la aparición de ciertos factores emocionales y cognitivos, y el tiempo que se mantiene el dolor. Dentro de estos factores emocionales y cognitivos que aparecen en los procesos de dolor crónico es común encontrar:

  • Percepciones erróneas del propio dolor. Ejemplo: el dolor no depende de mí, es un profesional sanitario el que me lo va a quitar sin tener que hacer nada yo.
  • Miedo al movimiento. Ejemplo: me hago daño al agacharme y pienso que si me muevo y vuelvo a agacharme me va a aparecer el dolor, por lo que opto por evitarlo y así no tener que soportar el dolor que me produjo ese movimiento.
  • Sensación de impotencia respecto a ese dolor. Ejemplo: pienso que no voy a poder hacer nada para que el dolor se quite, y no puedo controlarlo.
  • Mala aceptación de la situación. Ejemplo: no acepto ni me hago consciente de la situación. No comprendo por qué me ha ocurrido algo así. Tengo un problema o un dolor y no tengo disposición para solucionarlo o no acepto que tenga que tener dolor más tiempo y que vaya a tener que convivir con algo de dolor.
  • Pensamientos que tienden a exagerar las situaciones de dolor y aferrarse a los peores escenarios posibles, es decir, pensamientos catastrofistas. Ejemplo: tener un lunar en la piel y empezar a pensar que se trata de un tumor maligno y que no vamos a poder curarnos.

“Todos estos factores psicológicos pueden agravar o reducir el dolor que refieren los pacientes en función de cómo sean capaces de controlarlos”

Todos estos factores psicológicos pueden agravar o reducir el dolor que refieren los pacientes en función de cómo sean capaces de controlarlos. El dolor crónico produce alteraciones tanto físicas (un movimiento limitado, limitación de las actividades diarias…) como emocionales (impotencia, tristeza, sentirse inútil, sentirse diferente a los demás, pérdida de aficiones…). En función de la forma en la que la persona representa y evalúa cómo es su dolor, es decir, si considera que su dolor no va a desaparecer, va a ir a más, le va a impedir sentirse bien consigo mismo, o si por el contrario, considera que hay una solución para el problema, que puede controlar su dolor y entenderlo, la parte emocional del dolor crónico estará mejor o peor controlada. Además la alteración física que genera el dolor crónico también se verá influida por la aceptación (o no aceptación) y por los pensamientos que tenga la persona sobre su dolencia, pudiendo llegar a empeorar la disfunción por estas cuestiones psicológicas.

Por un lado, resulta vital entender el concepto de aceptación del dolor que supone la capacidad de los pacientes de ser conscientes de su situación, de entender lo que les pasa y asumir el problema; para desde aquí poder trabajar en mejorar la situación. Dicha variable psicológica “aceptación del dolor” se correlaciona de forma negativa con el tiempo que se mantiene el dolor, con la interpretación sobre las características de la enfermedad, con las consecuencias que tiene ese dolor y con las representaciones emocionales que generamos. Esto quiere decir que cuanto menos aceptemos el dolor o la enfermedad, más tiempo se mantendrá, más pensamientos malos y erróneos sobre el dolor o la enfermedad aparecerán, y habrá más consecuencias negativas y más afectación de la parte emocional que interviene en el dolor.

Por otra parte, es importante saber que el catastrofismo es un proceso cognitivo y emocional caracterizado por exagerar la forma de sentir el dolor y tener pensamientos generalmente pesimistas o de impotencia. Cuanto más catastrofismo tenga una persona más tiempo permanecerá el dolor, más se afectará la vida social y laboral de los pacientes, más posibilidad de depresión, mayores sentimientos de inutilidad…

Todo esto nos hace ser más conscientes de lo necesario que es incluir en los tratamientos de los pacientes con dolor crónico, programas donde se les eduque y enseñe sobre qué es lo que les pasa, cómo tienen que afrontarlo, cómo pueden controlar pensamientos más negativos, o qué cosas deben asumir y aceptar de su dolor, entre otras muchas. La mayoría de los tratamientos se centran en la parte física olvidando por completo que la vida de las personas que tienen que convivir tanto tiempo con un dolor y que no ven progresos ni mejoras, se ve muy afectada a nivel emocional y acaba teniendo repercusiones en su vida social, laboral e incluso sentimental. Esto termina por desembocar en un círculo vicioso del que tenemos que sacarles, puesto que cuanto más alimenten pensamientos y procesos de este tipo más les dolerá, y cuanto más les duela más fácil es que aumenten esos procesos. Por ello, resulta imprescindible desactivar estos pensamientos, percepciones, emociones y sensaciones, e incluso utilizarlos de forma más positiva con la ayuda de profesionales sanitarios capacitados e incluso en algunas ocasiones será necesario recurrir al tratamiento psicológico.

Fuente: Gillanders DT, Ferreira NB, Bose S, Esrich T. The relationship between acceptance, catastrophizing and illness representations in chronic pain. Eur J Pain. 2013
 Jul;17(6):893-902.

Fuente de la imagen:  imagen creada por NeuroRehabsnews.com con fines únicamente ilustrativos

Autora: Marta Diáz Sáez  Editores: Alba París Alemany, Juan Manuel García Bechler

Para citar este artículo: Díaz-Sáez M. Dolor Crónico, Pensamientos y Emociones. NeuroRehab News 2017 nov; 2 (1): e0022