Mar 26, 2019 Last Updated 4:58 PM, Feb 24, 2019

Revista de Divulgación en Neurociencias y RehabilitaciónISSN 2530-6006

Editorial

El Movimiento como Eje Fundamental de la Rehabilitación

El Movimiento como Eje Fundame…

Históricamente las disciplinas profesionales asociadas a las ciencias de la reh...

Vamos a hablar sobre la verdadera funcionalidad del dolor, seguro que alguna vez cuando has tenido alguna herida, te has indignado y te has preguntado porque tendríamos que sentir dolor, cuál es la finalidad y sentido de sentirlo, y que pasaría si no fueses capaz de sentirlo.

Durante los últimos años, se ha incrementado el conocimiento acerca de los trastornos de dolor crónico inexplicables, o inespecíficos. Se sabe que la mayoría de estos casos se caracterizan por una alteración en el procesamiento del sistema nervioso central.

¿Alguna vez te has preguntado qué es el dolor? René Descartes propuso un modelo explicativo intentando responder a esta pregunta y entender el funcionamiento y la finalidad del dolor. Su modelo Cartesiano se basa en que el dolor es una señal de alarma y afirma tres premisas; “Si no hay daño no hay dolor”, “Si hay daño hay dolor”, “A mayor daño mayor dolor”. Esta versión simplificada sobre el funcionamiento del dolor no es del todo correcta, ya que en la actualidad sabemos que el dolor es una experiencia que va mucho más allá de un input sensitivo y no tiene por qué haber daño en los tejidos para sentir una experiencia dolorosa.

Gracias a las novedosas técnicas de neuroimagen, podemos conocer más en profundidad cómo se representa el “dolor” en nuestro cerebro, visualizando qué áreas se activan ante diferentes estímulos percibidos. 

Como ya se ha mencionado en otras reseñas, el dolor es una experiencia multidimensional que abarca las dimensiones  sensitiva, cognitivo evaluadora y emocional. Todos hemos experimentado que el contexto en el que se presenta el dolor puede resultar clave para nuestra interpretación y atención del mismo; cuando nos damos un golpe en el pie con un mueble, parece ser que no nos duele con tanta intensidad si acabamos de recibir una buena noticia, sin embargo,